lunes, 9 de febrero de 2009

Balones, Javalinas, estadios, y sangre

Ya desde los tiempos de la antigua Roma los juegos eran una manera de mantener al pueblo entretenido en algo y despreocupado de su realidad. Eran juego que duraban por meses, donde el Coliseo se encontraba lleno hasta las banderas de ciudadanos romanos con ganas de ver sangre rodar por la arena. Parece algo cruel, pero así era, era la forma en que los romanos se entrenían, o más bien a forma en que los gobernantes mantenían al pueblo en actividades que poco y nada tenían que ver con lo que alrrededor de ellos secedía.

Viajemos ahora 2000 años en el tiempo desde Roma hasta Berlín. Corría el año 1936, era año de Juegos Olímpicos, se disputaba la XI edición de los Juegos Olímpicos de Verano en la capital alemana. Eran años convulsionados. El Nazismo ya estaba en el poder con Hitler a la cabeza. En las calles judíos, gitanos, homosexuales, entre otras minorías que no eran aceptadas por los Nazis sufrían humillaciones y golpes por partes de los grupos nazis. Los Nazis gracias a los JJ.OO. y otras artimañas lograban desviar la atención pública de esta situación. Además estos juegos fueron para Alemania la ocasión de mostrarse como una nación que se había recuperado tras la derrota de la Gran Guerra de 1914 a 1918. Objetivo cumplido para los Nazis.

No sólo en Europa pasan estas cosas, en nuestra querida Latinoamérica también. Corría 1978 y era el turno de Argentina de organizar la Copa Mundial de Fútbol. Argentina estaba gobernada por una de las más crueles dictaduras que puedo haber existido. Más de 30 mil muertos y desaparecidos fue el resultado de las violaciones a los derechos humanos que dicha dictadura encabezada en 1978 por el General Videla cometió. Incluso nuestro país en ese mismo año pudo haber sufrido la paranoia de la junta argentina que estuvo apunto de atacar a Chile por el conflicto del Beagle.
La junta no solo se contentó con organizar la copa, y con aquello hacer que toda la atención pública se centrase en la competición, aún más sabiendo el fanatismo casi religioso que los argentinos tienen por el fútbol (y que yo también tengo), sino que además consiguieron ganarla. Doble objetivo cumplido para la junta. Incluso los militares argentinos que partían a la guerra cn Chile comparaban la capacidad bélica de ellos con su capacidad para el fútbol, y que según ellos era infinitamente superior a la Chile, un ejemplo de esto: "Vamos al mundial del Beagle".

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