Eran años un poco revueltos. Convulsiones políticas internas, una condena internacional, y el país dividido. No era el mejor de los ambientes.
Y si con eso no basta, desde el extranjero también venían más problemas. Y no problemas muy fáciles de resolver. Asuntos que ponían seriamente en riesgo nuestra integridad territorial.
En 1968 en Perú una Junta Militar derrocaba al Presidente Fernando Belaunde Terry, instaurándose el llamado "Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas". Gobierno que en un principio promovió una doctrina de "no alineación" ni con norteamericanos ni soviéticos. Sin embargo el desenlace fue distinto, porque se produjo una ruptura con el bloque norteamericano, lo que significó un inevitable acercamiento al bloque liderado por la Unión Soviética.
Eran años especiales, puesto que se acercaba el centenario de la Guerra del Pacífico. 100 años ya desde que Chile había conquistado Tarapacá. Y esto era especial para el dictador izquierdista peruano, porque era la ocasión de recuperar los territorios que Chile ganó.
Por dicha razón es que bajo su gobierno las fuerzas armadas peruanas vivieron la más importante renovación de armamento de su historia. Miles de millones de dólares fueron invertidos en tanques, buques de guerra, y modernos aviones de combate. Todas estas compras con un claro fin: atacar a Chile.
La situación política interna en Chile durante el gobierno de Allende fue vista por los peruanos como el momento justo para iniciar un ataque a nuestro país. Incluso la misma Unión Soviética -la gran amiga del Chile socialista- miraba de reojo esta situación por la peligrosidad que representaba la amenaza peruana hacia Chile, porque incluso al grueso de las fuerzas peruanas llegó a ubicarse en este tiempo frente a la frontera con nuestro país.
La llegada de Pinochet al poder no apaciguó las cosas, más bien acrecentó las ganas peruanas por atacar Chile, y 1975 fue un año crítico para nuestra seguridad. El derrocamiento del gobierno socialista en Chile hizo que se adquiriesen nuevos enemigos: Cuba y la URSS. Velasco Alvarado encontró un gran aliado para su cruzada contra Chile: Fidel Castro. Se habla de un plan peruano-cubano para atacar a nuestro país. La idea era invadir Chile con una fuerza cubano-peruana desde el norte, y si vemos las consecuencias de esta posible aventura militar sobre nuestro país estas hubiesen sido de una gravedad que es difícil de imaginar porque la intervención norteamericana hubiese sido inevitable, naciendo así - quizás - un "Vietnam" en el cono sur.
Afortunadamente ese excéntrico plan no se llevó a cabo. Y las cosas se mantienen tal como se dejaron tras la Guerra del Pacífico y los Tratados de 1929.
La cosa fue complicada en el norte, pero en el sur la cosa si que tuvo color de hormiga. El 22 de julio de 1971 acordaron los presidentes de Chile y Argentina, Salvador Allende y Alejandro Lanusse someter el diferendo sobre el Canal Beagle a un arbitraje por parte de SM. Isabel II del Reino Unido con la condición de que fuera un tribunal arbitral compuesto por cinco peritos internacionales, nombrados por Chile y la Argentina, quienes plantearan una propuesta a la monarca, la que finalmente aprobaría o rechazaría dicha propuesta de arbitraje, sin modificarla. La sentencia unánime fue dada a conocer el 18 de abril de 1977 a la Reina Isabel de Inglaterra. Este laudo arbitral otorgaba a Chile plena soberanía sobre las islas del Beagle (islas Picton, Lennox, y Nueva).
La posición Argentina fue radical. La Junta Militar que había comenzado a gobernar el país en 1976 declaró "insanablemente nulo" el laudo de SM. Isabel II.
Los problemas entre Chile y Argentina tenían ya varios años ocurriendo. En 1958 una disputa por el islote Snipe, el que se ubica en el canal Beagle, casi lleva a un enfrentamiento los dos países.
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